“Las vías del más allá” es el primer cuento que inaugura el libro “Después de la muerte”. Trata sobre un joven que vive en Guadalajara y tiene la necesidad de hacer una visita a su madre para el día de su cumpleaños. Su mente está enfocada en hacer el viaje durante la madrugada hacia la ciudad de Autlán, donde pretende estar desde temprano en casa de su mamá para celebrarla y felicitarla lo más temprano posible.

Al salir de su trabajo y tomar la carretera piensa que tendrá un viaje tranquilo en todos los sentidos. Pero ignora que en el crucero de ferrocarril de Villa Corona le aguarda una sorpresa inesperada. En esa carretera del estado de Jalisco pasa una vía de tren que conecta el puerto de Manzanillo con Ciudad Guzmán y Guadalajara, tres ciudades importantes por donde transitan las mercancías que ingresan al país o salen del mismo. Comercio exterior en todos los sentidos.

Nuestro joven, al llegar al crucero de ferrocarril, recibe un llamado de Auxilio de una señora que está desesperada porque su marido ha sido gravemente herido después de ser atropellado por el tren. Este joven, noble y solidario en todos los sentidos, sin pensarlo dos veces acude al llamado. Pero por sí mismo va descubriendo que no se trata de una petición de ayuda normal. Se interna en el sendero de la vía del tren hasta perderse en la oscuridad del mismo a través del campo, tenuemente iluminado por la luna. Las inseguridades se hacen presentes tanto por la oscuridad como por la soledad de ese lugar tan extraño para prestar auxilio.

El protagonista termina enfrentándose a un incidente que en un principio pensaba que era real, pero no es más que otra cosa que una jugada de los espíritus desaparecidos hace muchos años cuya energía quedó muy presente en el área donde perdieron la vida. Esta historia está inspirada en las narraciones que mucha gente de los alrededores cuenta. Al menos en esta parte de Jalisco, existe un fin sin fin de relatos de personas donde aseguran que en las vías del tren deambulan almas perdidas y olvidadas, seres que quedaron atrapados en nuestra dimensión.

Desgraciadamente no son pocos los accidentes donde los trenes que transitan por estas vías han arrebatado las vidas de personas que caminaban en las mismas. Puede sonar como una especie de tontería el hecho de que ocurran este tipo de cosas debido a que los trenes, con su fuerte pitido y sonido característico que producen al pasar,  advierten desde lo lejos que están próximos a transitar por el lugar, pero aun así la gente parece confiarse de tal forma que subestiman la fuerza de este tipo de máquinas tan pesadas y poderosas. Ojalá fueran pocas las pérdidas humanas que han sido producto de la imprudencia de las propias personas.

Quienes conocen el lugar que se ha plasmado en la narración podría argumentar que las descripciones no encaja con la realidad. Y es verdad, el sitio es distinto a lo que aparece narrado en el cuento. Lo que se toma en cuenta es lo que vive nuestro amigo en su experiencia paranormal, donde bien pudo haberse enfrentado a un escenario totalmente ajeno a nuestra época que lo hizo conducirse hasta un lugar totalmente desconocido para él mismo. En su propia desesperación divisa un puñado de casas que apenas logran arrojar luz, pero que suponen una esperanza para toda la angustia que está viviendo.

Al descubrir lo que está pasando, nuestro amigo comprende que nada tiene lógica y sentido. Lo que le está sucediendo es un suceso extraordinario que de haberle ocurrido a cualquier persona normal, fácilmente podría ser juzgado como el producto de una fantasía bien elaborada. Nuestro personaje llega a ser invadido en su mente por el asalto de las dudas que le hacen reflexionar si lo que le está ocurriendo es real o producto de una de las más nefastas fantasías.

Este tipo de leyendas es común en México debido a que, como lo dije antes, no son pocos los accidentes donde se han involucrado ferrocarriles en el atropellamiento de personas que iban caminando sobre las vías. Yo, el autor de «Después de la muerte«, cuando era niño escuché historias sobre aparecidos y fantasmas que en su momento habían sido víctimas del transitar de un ferrocarril. Mi experiencia al pasar por dicho crucero y también al caminar directamente sobre la vía del tren durante la noche, aunque no precisamente en dicho lugar, me han sugerido interesantes ideas sobre la expectación que generan estos increíbles lugares y las historias sobre los terribles accidentes que han ocurrido en los mismos. Es por eso que decidí escribir un cuento que describiera un poco la increíble soledad que tiene una vía ferroviaria a pesar de su cercanía con una carretera y las historias que encierra la misma.

Esta soledad es propicia para que los fantasmas de las personas de otras épocas se desplacen sin rumbo definido, es como un punto de reunión donde confluyen las almas de quienes quedaron atrapados después de haber hecho sus vidas en poblaciones o asentamientos alrededor de las vías del tren. Quien quiera que camine por este tipo de lugares en soledad bajo el manto de la noche oscura llegará un momento en que podrá percibir que no está solo realmente en ese lugar. Los muertos, los fantasmas, estarán mirándolo en todo momento vigilando su andar.