Desde tiempos inmemoriales los seres humanos han perseguido el contacto con los muertos, con aquellas personas queridas que perdieron la vida. La necesidad de conseguir respuestas que otorguen esperanza de una vida más allá de la efímera existencia terrenal o al menos las nociones de algo parecido es una de las razones más poderosas por las que muchos se han planteado el objetivo de contactar al Más Allá.

Algunos de los métodos empleados para hacer contacto con el mundo de los muertos han sido los tableros ouija o la asistencia de médiums, personas que se cree que poseen talentos y sensibilidad muy especial para detectar, visualizar y realizar contacto directo con seres incorpóreos que deambulan por el mundo. Todo esto puede considerarse como algo esotérico o con una fuerte carga de misticismo. Pero lo que sí es cierto es que existe una forma de contactar con los muertos descubierta de una forma accidental: las psicofonías.

Las psicofonías o parafonías son sonidos que quedan registrados en grabaciones realizadas por dispositivos electrónicos como las grabadoras de audio. El origen de estas voces se atribuye a los seres del Más Allá, debido a que quienes las han encontrado accidentalmente aseguran no haber estados acompañados de alguien en el momento en que realizaban sus grabaciones. Aunque existen fuertes controversias del mundo científico acerca de la procedencia y naturaleza del fenómeno, han pasado los años y todavía no han logrado un consenso que explique por qué ocurre.

La primera psicofonía se registró accidentalmente cuando Friedrich Jürgenson, productor de documentales y cantante de ópera, intentó registrar una noche en medio de un bosque el sonido del pájaro pinzón en un magnetófono para emplearlo en uno de sus documentales. Al revisar la grabación se encontró con que los sonidos del pájaro pinzón también estaban acompañados de voces en noruego y  un sonido lejano parecido a una trompeta. El productor, creyendo que se trataba de una especie de interferencia de alguna estación radial, salió la siguiente noche a realizar de nueva cuenta el experimento. Se dice que al revisar la nueva grabación encontró a la voz de su difunta madre dirigiéndose hacia él.

Jürgenson escribió al respecto y su texto fue a parar en manos de  Konstantin Raudive, un psicólogo de origen letón que daría fe y validez a las grabaciones del productor de documentales. Raudive quedó fascinado con todo esto y enseguida realizó sus propias investigaciones del Más Allá teniendo éxito en sus grabaciones. Dedicó varios años a la investigación del fenómeno y en la divulgación del mismo.

Gabriella Alvisi, por otra parte, es una mujer italiana que enfrentó la dura pérdida de una de sus hijas que murió de cáncer a la edad de 20 años. Gabriella, abatida moralmente, recordó haber leído acerca de los fenómenos de psicofonías y sobre las investigaciones de Jürgenson y Raudive. Ella se propuso realizar sus propios experimentos y adquirió tecnología básica para los mismos. Finalmente logró contactar con su amada y difunta hija Roberta. El registro de ese contacto fue tan significativo para Gabriella Alvisi que la llevó a documentar gran parte de sus investigaciones y plasmar su experiencia al respecto en el libro “Las voces de los vivientes de ayer”.

El producto de los experimentos de Gabriella le valió también el reconocimiento de la entonces creciente comunidad investigadora del fenómeno  y relacionarse con Raudive, quien también avaló las grabaciones de ella y dio fe del contacto exitoso con la difunta Roberta. Alvisi dedicó gran parte de su tiempo a realizar grabaciones y sus hallazgos fueron sorprendentes.

Al principio ella creía que la dimensión del Más Allá se trataba de un lugar místico muy especial, carente de características banales y mundanas propias de nuestra realidad. Pero conforme investigaba en sus contactos con seres del Más Allá, pudo darse cuenta que las voces de las Entidades (como llama ella a sus nuevos amigos invisibles) poseen también comportamientos característicos de su vida anterior: a veces discuten entre ellos, bromean, se burlan, tienen opiniones políticas, escuchan música y hasta ensayan en orquestas y realizan audiciones de aquel mundo. Incluso hablan con frecuencia de comida y bebida. Tales resultados nos pueden hacer creer que nuestro concepto del Más Allá posiblemente se trate en realidad de un mundo paralelo al nuestro, con sus propias características y particularidades, pero a grandes rasgos parece que se trata de un lugar donde las personas continúan viviendo como individuos que tienen sus propias ideas y toman sus propias decisiones.

Gabriella Alvisi en su libro asegura que las voces del Más Allá pueden realizar precogniciones, es decir, la capacidad de predecir algunos acontecimientos futuros. Ella jura que esas voces también se reservan muchas cosas, quizá para no alarmar a los vivos y estimularlos a que continúen con sus vidas y con las sorpresas que depara la misma.

Alvisi contactó a su hija muerta Roberta las veces que le fue solicitado para que ella en el Más Allá pudiera encontrar a los espíritus de seres queridos de otras personas que aún lloraban sus recientes e inesperadas pérdidas. La investigadora italiana documenta haber tenido éxito en estos enlaces cuyos resultados expuso directamente a los interesados y que sirvieron para darle consuelo y tranquilidad a esas personas que estaban sufriendo sus irreparables pérdidas. Pero lo más importante es que el trabajo de Gabriella ayudaba a darles la esperanza de que algún día esas personas se reencontrarían con ellos.

Para finalizar este post, añadiremos que Gabriella Alvisi hacía énfasis en que no era necesario ningún tipo de sensibilidad especial o habilidad específica para contactar a los muertos. Tampoco es necesario ser médium. Incluso ella alienta a la gente para que sean mismos quienes directamente entablen este tipo de coloquios con los muertos, pues por medio de conversación natural y voluntad propia se logra entablar amistades con seres del Más Allá.